Saludos jabatos, vamos con este segundo post sobre la noche del veterano. Hoy veremos la segunda y tercera edición del evento.
¿Recordáis que en el anterior post comentaba sobre los castillos en el aire y los planes que teníamos en las primeras noches? Pues muchos de esos castillos, esas charlas de borracho, se hicieron realidad y nos iniciamos formalmente como asociación, con junta directiva, asambleas y todo eso, y nuestro primer proyecto fue el “traslado a Valinor”, que fue como denominamos al traslado de lo poco que teníamos en el local de la asociación Minas de Moria en el que estábamos a nuestro propio local, nuestro primer hogar; un pequeño bajo en el que entraban 5-6 mesas y unas pocas vitrinas con la escenografía y que poco a poco fuimos decorando a nuestro gusto.
Viendo el éxito de la primera edición, de nuevo con Miguel al frente y esta vez se inspirándose en la campaña de Games Workshop: La sombra sobre Albión, comenzamos una nueva campaña de la noche del veterano. En esta ocasión suprimió el heraldo, porque era un esfuerzo titánico para inventar información, maquetar, recopilar resultados de las batallas… tened en cuenta que todo esto era una época pre inteligencia artificial, todo se hacía “a mano”.

Como en la anterior edición, los escenarios de las batallas eran personalizados, había reglas para el clima que afectaban a las unidades de disparos o los magos, y un poco para compensar la pérdida del heraldo, añadió objetos mágicos, recompensas y reglas especiales que se obtenían y mantenían tras cada batalla: es legendario en el club el Caudillo Skaven de Rafa que se paseaba por los campos de batalla sembrando terror a su paso, portando un Colmillo rúnico arrancado de las moribundas manos de un Comandante imperial.

A diferencia de la primera campaña, al obtener mejoras por las batallas anteriores, los jugadores que más vencían y más batallas disputaban obtenían beneficios sobre los que no podían acudir con asiduidad, lo que perjudicaba a estos últimos y generaba un efecto bola de nieve que chocaba bastante con la filosofía inicial del evento, por los que pasados unos meses, descendió el interés de los jugadores que no podían asistir cada jornada y hubo que realizar algunas modificaciones para que los beneficios no fueran tan determinantes.
Finalizada esta segunda edición, y después de otra mudanza a nuestras espaldas; se habían unido unos cuantos generales al club, y nuestro primer local, con espacio para 5-6 mesas se había quedado pequeño, teníamos que hacer varios turnos y días diferentes para hacer la noche del veterano y eso le hacía perder parte del encanto, así que alquilamos un local más grande, con espacio para 7 mesas permanentes (ampliable a 10-11) y una zona con mesa y sofas para poner sentarnos a cenar tranquilamente, comenzó la preparación de la tercera edición.
Para esta nueva edición de la noche del veterano, Miguel decidió ceder el testigo, se había ganado un merecido descanso después de iniciar todo el proyecto, sentar las bases y mantenerlo vivo todo este tiempo, y ahora sería otro quien se encargara de continuar el viaje, aprovechando todo lo aprendido hasta la fecha y dándole su propio toque personal, y esta tarea recayó en Omar.

Omar es otro de los jabatos veteranos, con ejércitos de Imperio, Demonios y Elfos oscuros entre otros y creador del juego de rol Tierras primordiales, así que lo de crear reglas especiales, escenarios y trasfondos lo tiene más que controlado. Pero que no os engañe, es un culo-duro disfrazado de tropical, recuerdo una vez en reforged que con un cañón de salvas me voló una unidad de orcos negros y al turno siguiente una de goblins nocturnos…

Igual que en las anteriores ediciones, Omar personalizaba los escenarios de cada noche, con un trasfondo y unas reglas especiales para que tuvieran mayor personalidad, pero era la tercera vez del mismo formato y algo no funcionaba. A pesar de que nos juntábamos para lanzar dados, cenar y tomar una cerveza, ahora que teníamos sitio de sobra y podíamos quedar todos a la vez, ya no estaba esa ilusión inicial. Seguíamos con ganas de juntarnos, pero la noche del veterano ya no era necesaria para conseguirlo. El club ya existía, teníamos nuestro local, nuestras partidas, eventos y sobre todo, un grupo de gente que éramos mucho más que un grupo de jugadores.
Y hasta aquí llega esta segunda parte de la historia de la Noche del Veterano. La llama había vacilado hasta casi apagarse, pero el club seguía creciendo y, aunque en aquel momento no lo sabíamos, aquello no iba a ser el final de la historia. La semana que viene veremos cómo la Noche del Veterano volvió con más fuerza que nunca.
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